7 motivos que explican la decadencia de Twitter

“Antes Twitter molaba más”. La frase se repite una y otra vez y parece un tuit fijo en nuestros timelines. Desde un tiempo a esta parte, la red social con sede en San Francisco se asemeja a un barco a la deriva que no termina de naufragar. Del Titanic del 2.0 se decía que llegaría a buen puerto, pero el iceberg del contenido fácilmente consumible y la estupidez humana acabó por frenar su veloz paso.

Si bien muchos perciben una realidad, un cambio, nadie es capaz de dar con la tecla y, probablemente, nadie lo hará hasta bien pasado su hundimiento oficial.

No obstante, aquí nos vamos a atrever a exponer las siete razones que posiblemente ilustren el porqué del declive de Twitter. Ahora mismo, a toro sin pasar:

1. Pasó la moda y no hubo revolución

Cualquier pseudogurú del social media podría hacer miles de gráficos sobre el tema, pero los que tenemos los pies en la tierra y hemos vivido la evolución de Twitter desde dentro podríamos ordenarla en tres sencillas etapas: seriedad, humor, estupidez.

Al igual que en los últimos tiempos se ha instalado una ola crítica hacia el youtuber adolescente por parte de los genios del humor, en su momento ellos también fueron reprochados por la notoria transformación que imprimieron a la red de microblogging. Y es que, hace no mucho tiempo, en Twitter se hablaba, sobre todo, de cosas serias. Incluso se provocaron algunos movimientos sociopolíticos, como fue el caso del #15M en España o de la #primaveraárabe en el Magreb.

El humor, siempre necesario, acabó por crear una corriente que segregaba a unos y otros y en la que el chiste fácil se establecía por encima de todo. Después, la entrada de gente que no pintaba nada acabó desencadenando un deterioro que hasta hoy sigue sin respuesta.

2. Todo el mundo quiere ser tuitstar

En Twitter sí se folla. Lo sabe todo el mundo ya, pero hace un tiempo no estaba tan claro. En su día, los conocidos tuitstars no paraban de hacer chistes sobre lo difícil que se antojaba tener sexo con alguien que habías conocido en la dichosa aplicación del pajarito azul.

La cuestión es que hubo un momento, nadie sabe cuándo, en el que sonó un click en las mentes de los usuarios. Esto también había cambiado. Twitter, del que se decía que no servía para nada, ya sí servía para algo. Para muchas cosas. Y no sólo el sexo, asunto tan natural que es apto para explicar otras tantas cosas, sino que la gente percibía que el tuiteo valía para conseguir popularidad real, trabajo e incluso dinero.

Advertido el cambio, obviamente todos se quisieron subir al carro y empezaron a comportarse como los más admirados del lugar. Pero no, no todo el mundo está preparado para triunfar, sea en el ámbito que sea. Y claro, quedó un descampado la mar de bonito en el que, cuando uno llega, encuentra a todos hablando solos, como locos en el manicomio.

3. La invasión adolescente

De las tres etapas que comentamos en el primer punto, la más crítica de todas es sin lugar a dudas la última. El público teen de nuestro querido país, en el que ya no ganamos en nada excepto en creatividad, decidió dejar Tuenti para propagar el culto a lo banal en la mansión de @jack. Tuenti, sí; esa red social de la que tanto nos burlábamos cuando nos encontrábamos en la segunda fase.

Lógicamente, esto trajo sus consecuencias, negativas casi todas ellas. Y es que, en el fondo, el adolescente se comporta como un animalito más de cualquier ecosistema: cuando está solo, no hace daño; cuando está acompañado de cientos, miles, millones de semejantes, es imparable y arrasa con todo lo que ve a su paso.

4. Twitter no supo responder

De entre todos los problemas con los que cuenta Twitter, el mayor es su propio staff y directiva. A diferencia de otros como los de Facebook o Instagram, el que nos incumbe se caracteriza por la lentitud en su respuesta y por lo equivocado de sus decisiones. En lo respectivo al apartado anterior, no sólo no supieron ponerle freno, sino que abrazaron esa invasión adolescente que comentábamos. Cuando había que dar valor a la palabra, potenciaron la imagen; cuando había que diferenciarse del sitio de Zuckerberg, añadieron un nuevo diseño de foto de portada muy parecido al de Facebook. Y así sucesivamente.

No todas las decisiones son erróneas, claro está. Una de las últimas, la de que aparezcan no sólo retuits, sino favoritos y follows en la línea temporal, es un gran acierto, una gran réplica al comportamiento tuitstarista generalizado. ¿El error? Que la medida ya era necesaria hace dos o tres años.

5. Todo lo que digas estará mal

Otra de las grandes modificaciones vino del contenido, de los temas de los que hablar. Siguiendo la línea que marca el pensamiento crítico europeo, ese que tanto nos gusta en España, se empezó a reprobar a quien hablara de determinadas cosas en Twitter. El tema es que, poco a poco, los asuntos a tratar se fueron reduciendo hasta dejar sólo unos cuantos que, a día de hoy, se repiten constantemente: fútbol, política y el programa de televisión de turno.

El resto quedaron fuera gracias a nuestra querida espiral del silencio, que deambula de aquí para allá decapitando cabezas guadaña en mano.

En caso de estar en desacuerdo con lo que habéis leído hasta ahora en este artículo, no os preocupéis. Aquí os dejamos una metalista en la que os enumeramos las principales cuestiones sobre las que no se puede tuitear según nosequién:

  • No puedes tuitear lo que estés haciendo.
  • No puedes tuitear lo que has hecho o lo que quieres hacer.
  • No puedes tuitear cómo te sientes o sobre qué estás reflexionando.
  • No puedes tuitear reflexiones personales que no sigan las líneas marcadas por los mass media.
  • No puedes publicar un tuit que no contenga algo que responda a los tres temas estrella: fútbol, política y televisión.
  • No puedes dar promoción a un blog, sitio web o espacio donde quieras desarrollarte personal y/o profesionalmente.
  • No puedes hacer humor negro.
  • No puedes tuitear algo que pueda herir la sensibilidad de alguien que no conoces de nada.
  • No puedes tuitear sobre un libro, una película o un disco de música que te haya gustado.

Y, por encima de todo:

  • No puedes tuitear sobre algo que no esté de actualidad.

Por supuesto, si os arrepentís, podéis volver a publicar lo que os dé la gana. Tan solo os encontraréis con un montón de gente a la que no escuchan ni en su casa y que necesitan deciros lo que tenéis que hacer.

6. El modelo publicitario ha fracasado

Las comparaciones son odiosas, pero una vez más toca enfrentar a las dos grandes de lo social en Internet. Mientras Facebook conseguía implantar un modelo publicitario que no interfiriera de forma negativa con su plataforma y que no provocara el rechazo de los usuarios, a su rival le pasaba todo lo contrario y se tenía que conformar con salir a bolsa y contar en cientos de millones de dólares sus pérdidas anuales.

Twitter siempre estuvo en busca de un formato que le permitiera mostrar anuncios que se insertaran de manera discreta en su entorno, sin que los usuarios la detectaran como publicidad pagada, pero la realidad es que en ningún momento estuvo cerca de conseguirlo y de, por tanto, convertir en rentable una red que cuenta con más de 285 millones de usuarios activos.

7. Prohibido pensar, sólo consumir

El último punto se antoja una especie de resumen de los anteriores, la causa provocada por los efectos. La red californiana, que triunfó, entre otras cosas, gracias a su formato tuit, ha acabado por presenciar cómo los 140 caracteres se le volvían en contra.

Hablamos del contenido de consumo rápido. Si bien otras plataformas como Vine, Instagram o YouTube han impulsado al vídeo y la fotografía como principal vehículo de comunicación digital, Facebook, y en mayor medida Twitter, han sido las que han permitido la implantación de la dictadura de la imagen.

El texto ha pasado a un plano secundario. Antes, algunos usuarios utilizaban aplicaciones como TwitLonger para expresarse más allá de lo que les permitían las normas. Hoy, es difícil ver un tuit que se acerque al máximo de caracteres.

Un montón de reuniones y de millones de dólares invertidos para llegar al futuro antes que nadie y quizá el 3.0 era esto: imágenes y risas, ya sean estáticas o en movimiento.

El panorama que dejan estos acontecimientos es un tanto desolador: no sólo para Jack Dorsey y compañía, que experimentan cómo se revuelven los cimientos, la esencia de su proyecto, sino para todos nosotros, sumidos una vez más en la consumición de lo fácil, el revuelo del rebaño, el aquí y ahora. Resignados, una vez más.

Ante la estupidez humana.

 

 

 

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